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martes, 18 de diciembre de 2012

Tiempo al tiempo

Mil perdones, pero acá va.
Parte de la vida se te va tratando de olvidar a alguien. Siempre.
Te cuento un secreto: no sirve. Es inútil.
Por más que pase el tiempo y pienses que ya está, algo va a detonar en vos un recuerdo. Algo insignificante, tal vez: un perfume, un color, una canción en la radio.
Corté con mi ex hace ya un año. Hace medio año que no lo veo más, me mudé lejos. Las cosas no funcionaron, nadie tuvo la intención de lastimar a nadie. Bárbaro.
Estoy con G, todo divino, genial, es un tierno, lo adoro.
Entonces, ¿por qué es que todavía me duele cuando me acuerdo? No lo sé.
Me gustaría poder dejar de quererlo. O que aunque sea no se me forme un nudo de angustia cada vez que pienso en él. Por ahora no puedo. Ya pasó mucho más tiempo del que acostumbro tomarme para hacer el "duelo", y ya no sé qué hacer.
Honestamente, es que no tengo más que hacer.
Con el tema del "tiempo al tiempo" la paciencia se me está agotando, y sería la más feliz del mundo si alguien inventara un chip para incrustarme en el cerebro y olvidar. O dejar de querer.
O dejar de sentir.
O dormir 25 años la siesta.



No sé si es el tema más elaborado de la historia (y definitivamente no es la mejor versión, el buscador de youtube en blogger no es mi ideal de buscador...), pero resume perfectamente lo que me pasa en este momento.



Tan Biónica - La suerte está echada

Dicen que para olvidarte
Tengo que viajar a Marte
Hacer trescientos años de terapia
Y decidir, dejar que pase el mes de abril
Juntar todas las hojas del otoño

Dicen que para olvidarte hay que tener en el bolsillo
Un almanaque sin domingos, un crucero
Y navegar en un océano sin mar
Tomarse toda el agua de la lluvia.

Y en realidad, hay cosas que no voy a olvidar
Como tus ojos de soledad
La tarde que los hice llorar

Y escucho voces dentro de mi casa
A veces pienso que es tu fantasma
Tus amenazas, mis escapadas
Retrato de mi clandestinidad

Dicen que juntando cuatro patas de conejo
Con sal gruesa y repitiendo ante el espejo
Voy a olvidar, tal vez yo pueda deshacer
El nudo que nos ata en este hechizo

Dicen que del día en que te fuiste 
No hago más que despedirte inventándome un presente
Para sentir que estoy haciendo algo por mí
Construyo sobre arenas movedizas

Y en realidad, hay cosas que no quiero olvidar
Como tus ojos de soledad
La tarde que los hice llorar

Y escucho voces dentro de mi casa
A veces pienso que es tu fantasma
Tus amenazas, mis escapadas
Retrato de mi clandestinidad

Si no te olvido, dicen que puede
Doler mucho más de lo que duele
Cuando te tengo en mi memoria
Estás acá

domingo, 5 de agosto de 2012

Les presento a G (platónico)


Estuve negándomelo a mí misma pero ya se me escapa el asunto de las manos.
Me estoy empezando a enamorar, creo.
Sigo viviendo en mi departamento, pero voy a dormir con él todos los días. Tengo en su departamento un cepillo de dientes, un pijama, una mesita de luz y unas pantuflas.
Ya lo estoy pensando como algo a futuro (a futuro inmediato, a corto plazo, de acá  a un par de meses, pero a futuro en fin). Así que les presento a G. Lo considero una especie de amor platónico porque estoy en esa etapa patética que repudio tanto del enamoramiento, en donde endiosamos al objeto en el que depositamos el amor al punto de considerarnos ínfimos, insignificantes, y consideramos que nos vio por una especie de milagro divino, que ese cariño que nos tiene es inmerecido, y acá nos llenamos de pensamientos infames como "con lo bueno que está cómo se pudo fijar en mi", "ya se va a dar cuenta/se va a aburrir y se va a ir". Nos volvemos chiquititos y el otro se vuelve Dios. Literalmente.
Bueno, estoy en esa etapa. Así que G es mi amor platónico, ese que nunca, nunca se iba a poder fijar en una flaquita sosa como yo.
Y se fijó, le gusto, pseudo convivimos, cocinamos, vemos películas y hablamos por horas.
Aún así no me la termino de creer (daaaaale Juli, estás soñando, no seas ilusa). Y no, no me la creo. Estoy esperando que la burbuja se pinche, que el chabon se ponga los anteojos, que se le aparezca una rubia tetona infartante y se vaya; en fin, que pase lo que siempre pasa.
Convengamos que aunque esté bastante desconfiada de la situación, me estoy enganchando igual. Y trato de que los sentimientos no vayan a tres mil por hora. Voy despacio, paso a pasito, tanteando el terreno, sin dejar entrever (o eso intento) la fascinación que tengo por el pibe.
Mientras tanto, les presento a G. Lee mucho, come chocolate, cuando sonríe compra el mundo, me prepara el café más rico de todos y se enternece con mi cara de fiaca de las mañanas.
Platónico, sin la parte del imposible.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Perdí.


Me asusto.
Perdón, pero me aterroriza.
Es que mi mente acostumbrada a ser tan racional, a analizar cuidadosamente todo, a cuestionar cada actitud y palabra propia y ajena, a tratar de comprender las cosas de una manera casi científica y lo más objetivamente posible, sabe que cuando termine esto, no voy a estar bien.
No puede ser todo tan perfecto. Esto no va a durar mucho. Y cuando se haya ido, ¿qué?
Habituada a regular y controlar, esta catarata interminable de sentimientos me espanta. Y se multiplica. Y cada vez es más grande, resbaladiza, tiene una inercia increíble. Y me doy cuenta que ya no la voy a poder detener.
Y caigo. Me siento en caída libre, en triple mortal de cabeza, ya no tengo nada que hacer acá. No puedo predecir, no puedo intervenir en lo que siento. Me perdí. Me espanta.

Es precioso.

Obnubilación (según Fergusson-Mitchel): estado maravilloso, mágico, feliz e irrepetible previo al desastre de enamorarse.

jueves, 26 de julio de 2012

Sherlock un poroto


Y mirá que estoy tranquila, feliz, con otra persona que me hace bien; y mirá que estoy a 3000 kilómetros de vos, literal y geográficamente; y mirá que cortamos hace bastante, y no porque te hayas mandado alguna cagada, sino porque yo necesitaba estar sola y sentirme bien conmigo misma; y mirá que creía que no me interesaba saber de vos...
¡Cómo me molesta esta conducta detectivesca que tengo con mi ex, de puro caprichosa que soy!

lunes, 23 de julio de 2012

Lugarcito


Ayer me regalaste algo formalmente, como un regalo, por primera vez.
Digo "formalmente, como un regalo" porque siempre tenés listo el café para mis despertares lentos, el chocolate y el helado para las películas, las zapatillas para cuando llego a tu casa con tacos y al otro día no tengo ganas de ponérmelos de nuevo; pero ayer me dijiste, "compré algo para vos, pero no es para que te lo lleves" y fuiste al placard a buscar algo. Me quedé sentada, un poco extrañada, barajando en mi mente cosas extrañas que no me podría llevar a mi casa, y me trajiste una cajita con un boxer. "La verdad que no sé si vos usás, pero sé que algunas chicas los usan de pijama, y no sé, para que no duermas incómoda..." Te interrumpí, te llené de besos, te dije "gracias" varias veces mientras te reías y me decías que era una tontera, que era un regalo minúsculo y que no merecía esa reacción.
Lo que no sabés es que ese "no es para que te lo lleves" viene a ser como cuando me compraste el cepillo de dientes: me dejás ser parte, me hacés un lugarcito, 
y no concibo regalo más valioso que ese.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Y bueno,

Hoy me desperté con el recuerdo de esa vez que estábamos acostados en el sillón, mirando alguna de esas series que quedan en la tele sin que nadie las mire; y mientras me acariciabas el pelo te dije que no te quería volver a perder. Me sonreíste diciéndome que no te ibas a ir a ningún lado, que ibas a estar conmigo, y que no te iba a perder más.
Te sonreí y nos reímos, porque si te perdí esa vez, fue porque así lo quise.
Y esta vez, vos quisiste que te pierda.
Y bueno, supongo que estamos a mano.

lunes, 31 de octubre de 2011

Acostumbramiento

Cada vez me sorprendo más de la capacidad de acostumbramiento que tenemos.
Uno se acostumbra a una persona de una manera en principio sutil, lenta, que se vuelve imperceptible, inconsciente, invisible. Uno se adapta o memoriza sin querer esas pequeñas rutinas que realiza; esos gustos extraños que tiene se nos vuelven normales, esas sonrisas y miradas se nos vuelven predecibles, y sabemos cómo provocarlas.
A veces ese acostumbramiento lleva al hastío, al aburrimiento, a la falta de sorpresas, a la rutina que tanto miedo da y que poco de bueno tiene. Hoy no hablo de eso.
Hablo de acostumbrarse a una persona tanto, que se vuelve parte de uno, o uno se vuelve parte de ella, es indefinible; acostumbrarse hasta que son uno, o dos en uno, o uno en dos, otra vez es indefinible; acostumbrarse hasta que te das cuenta que de verdad, de verdad, dudás si vas a poder seguir igual de bien si esa parte se va con algo tuyo. O si te sacan una parte de vos. Es indefinible, también.
Supongo que estoy en ese proceso de "seguir". Me falta esa parte que te llevaste de mí, y acá hay algo que me falta de vos, que no sé bien qué es, o es todo. Mientras, vos seguiste tanto, tanto, que te veo bien, feliz, contento, completo. Me pregunto a veces si a vos también te faltan cosas, si extrañás mis rutinas, si será que hay algo que sabés que no está y no sabés bien qué es.
Yo sí.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Alguna que otra reflexión

Cuando uno piensa en el amor, siempre surgen imágenes tiernas, bastante cursis, pedazos de poemas, y en general un recuerdo dulce de algún amor de la infancia o la adolescencia.
Hay épocas que se me ocurre que en verdad el amor es una especie de enfermedad psíquica. Porque un enamorado puede llegar a agredir su integridad física y psicológica, o la de su objeto de deseo, o la de cualquier persona, por amor. Porque los sentimientos de angustia, celos, dependencia, admiración, adoración, son mucho mayores para alguien que amamos que para con cualquier persona.
Por amor podemos y podríamos hacer cualquier cosa: mentir, fingir, insultar, pegar, matar. Cualquiera podría en tela de juicio esta afirmación, pero ¿no mentiría cualquiera para defender a un hermano? ¿No dejaría de lado cualquier vida, por importante que pueda ser, para salvar a un hijo? ¿Y qué hay de sano en eso?
Obviamente que el amor no es considerado de esta manera. Sólo es una ocurrencia.
Pero sí hay gente que enferma de amor. Personas que mueren de tristeza luego que sus parejas fallecen, o que se autodestruyen mediante el propio abandono, o incurriendo en el alcoholismo o en la drogadicción después que sucede algo a algún ser amado.
Entonces, ¿hasta dónde es sano el amor?
En una charla, el licenciado Gabriel Rolón dijo algo así como "Generalmente decimos "te amo incondicionalmente", como si fuera algo maravilloso. Significa que amamos sin condiciones. ¿Es maravilloso amar de esta manera? Pensémoslo. Te amo, aunque no me ames. Te amo, aunque no quieras a mis hijos. Te amo, aunque me pegues.". Y tal vez suena exagerado pero las personas dejamos de estudiar, dejamos de ver a algún pariente o a algunos amigos, tal vez dejamos de salir mucho o de hacer cosas que nos gustarían, por amor. No es ninguna privación ilegítima de la libertad, pero ¿esto es sano para nosotros? Porque generalmente, en una relación que uno se entrega por completo y las cosas no resultan, siempre queda un dejo amargo, un "pero si yo dejé todo..", y a veces, hasta un "pero si me perdí y sacrifiqué tantas cosas para que termine todo así..".
¿Será el amor, aunque sea en parte, un tipo de dolencia humana?

martes, 30 de agosto de 2011

Y...

Y en cada parte de mi casa me parece verte, y cada canción refiere a vos, y no me sale ir a buscar otras bocas, y es que sé que en todas vas a estar vos de cualquier manera, y no tengo sueño en el que no aparezcas ni mañana en que no me acuerde de tus cafés, y hasta las canciones que escribo parece que las hubieras cantado antes.
Y es que, como bien dicen Los Piojos, todo lo que me queda tiene que ver con vos.

jueves, 25 de agosto de 2011

Pienso en vos, estés en donde estés

..y un ejército de gente balbuceando su verdad, historias de no correspondidos y de amigos que no están; de al menos encontrar un mail que diga "hola, ¿cómo estás?" . Pienso en vos estés en donde estés.
La gente que habla sola - Attaque 77

jueves, 11 de agosto de 2011

Indiferencia

Creo que una de las peores cosas que podés sentir de otra persona, es indiferencia.
Siempre te lo dije. Prefiero que me putees, que te enojes, que te ofendas; pero que no me hables nunca más de un día para el otro, la sola idea, me daba pánico.
Hoy ya pasó mucho tiempo desde que tomaste esa decisión. Cada uno hace lo que puede con lo que tiene. Pero entenderte no hace que duela menos.
Y todos, todos los días, tienen ese momento en que daría todo por volverte a escuchar.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Tarde

Me gustaría haberte contestado otra cosa, haberte dicho lo mucho que me encantás, haberte devuelto el beso que me diste en vez de esquivarlo. Sentarme, llamarte con cualquier excusa y decirte que me fascinás; que no puedo dejar de pensar en vos, que me preocupo y quiero saber si estás bien, que te extraño, que ya no quiero hacer más de cuenta.
Si tan sólo no fuera tarde.

lunes, 1 de agosto de 2011

Cuestión de piel

No hay nada más lindo que un beso sorpresivo, furtivo, y a la vez esperado, ansiado, anhelado y soñado durante mucho tiempo.