Mostrando entradas con la etiqueta alguna que otra reflexión. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alguna que otra reflexión. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de julio de 2012

Difficile


Me dan mucha bronca las minas que se hacen las difíciles.
Estaba pensando esto el sábado, que fui a un bar para cumplir mi labor de amiga, y mientras la esperaba el típico pesado viene y me empieza a hablar. Digo el típico pesado porque no vino con la mejor onda a sacarme charla, no; vino con aires de galán, tiró un "apa, qué linda que sos" espantoso, y no hubo manera de sacármelo de encima, hasta que en un momento me paré con mi botella de cerveza y me cambié de mesa.
Después, mientras seguía esperando a la piba que no llegaba nunca, me quedé pensando por qué los tipos perseveran tanto en el levante. Digamos, te estoy diciendo que no, te estoy poniendo la cara de orto más desagradable que soy capaz de hacer, todo mi lenguaje corporal grita que te vayas, y sin embargo el tipo persistía, inamovible. ¿Y sabés por qué hacen eso? Porque hay minas que, a la larga, te dicen que sí. En un principio te dicen que no, o en vez de negarse rotundamente ponen excusas, y claro, el tipo insiste y al final obtiene lo que quiere. Esto hace que el "no" esté altamente desvalorizado, al punto de que el tipo piensa que todos los NO que vos le decís, son para hacerte la difícil, hacerlo esperar, hacerle creer que sos una persona digna y moralmente correcta que no va a decir que sí a la primera, y vaya a saber qué giladas más.

Queridas colegas: dejen de usar el "no" en vano, porque hay algunas que lo necesitamos con la seriedad y la honestidad de antaño.

Aclaración: no soy la típica boluda que se cree la reina de Inglaterra y que le dice que no a todos y se la da de solicitada. Me gusta la charla, no hace falta que me roben sonrisas porque las regalo, y hasta considero las propuestas que recibo. Pero que vengan a levantarme así a lo pizzería de barrio y encima persistan aunque los saques cagando, me rompe las pelotas.

lunes, 31 de octubre de 2011

Acostumbramiento

Cada vez me sorprendo más de la capacidad de acostumbramiento que tenemos.
Uno se acostumbra a una persona de una manera en principio sutil, lenta, que se vuelve imperceptible, inconsciente, invisible. Uno se adapta o memoriza sin querer esas pequeñas rutinas que realiza; esos gustos extraños que tiene se nos vuelven normales, esas sonrisas y miradas se nos vuelven predecibles, y sabemos cómo provocarlas.
A veces ese acostumbramiento lleva al hastío, al aburrimiento, a la falta de sorpresas, a la rutina que tanto miedo da y que poco de bueno tiene. Hoy no hablo de eso.
Hablo de acostumbrarse a una persona tanto, que se vuelve parte de uno, o uno se vuelve parte de ella, es indefinible; acostumbrarse hasta que son uno, o dos en uno, o uno en dos, otra vez es indefinible; acostumbrarse hasta que te das cuenta que de verdad, de verdad, dudás si vas a poder seguir igual de bien si esa parte se va con algo tuyo. O si te sacan una parte de vos. Es indefinible, también.
Supongo que estoy en ese proceso de "seguir". Me falta esa parte que te llevaste de mí, y acá hay algo que me falta de vos, que no sé bien qué es, o es todo. Mientras, vos seguiste tanto, tanto, que te veo bien, feliz, contento, completo. Me pregunto a veces si a vos también te faltan cosas, si extrañás mis rutinas, si será que hay algo que sabés que no está y no sabés bien qué es.
Yo sí.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Alguna que otra reflexión

Cuando uno piensa en el amor, siempre surgen imágenes tiernas, bastante cursis, pedazos de poemas, y en general un recuerdo dulce de algún amor de la infancia o la adolescencia.
Hay épocas que se me ocurre que en verdad el amor es una especie de enfermedad psíquica. Porque un enamorado puede llegar a agredir su integridad física y psicológica, o la de su objeto de deseo, o la de cualquier persona, por amor. Porque los sentimientos de angustia, celos, dependencia, admiración, adoración, son mucho mayores para alguien que amamos que para con cualquier persona.
Por amor podemos y podríamos hacer cualquier cosa: mentir, fingir, insultar, pegar, matar. Cualquiera podría en tela de juicio esta afirmación, pero ¿no mentiría cualquiera para defender a un hermano? ¿No dejaría de lado cualquier vida, por importante que pueda ser, para salvar a un hijo? ¿Y qué hay de sano en eso?
Obviamente que el amor no es considerado de esta manera. Sólo es una ocurrencia.
Pero sí hay gente que enferma de amor. Personas que mueren de tristeza luego que sus parejas fallecen, o que se autodestruyen mediante el propio abandono, o incurriendo en el alcoholismo o en la drogadicción después que sucede algo a algún ser amado.
Entonces, ¿hasta dónde es sano el amor?
En una charla, el licenciado Gabriel Rolón dijo algo así como "Generalmente decimos "te amo incondicionalmente", como si fuera algo maravilloso. Significa que amamos sin condiciones. ¿Es maravilloso amar de esta manera? Pensémoslo. Te amo, aunque no me ames. Te amo, aunque no quieras a mis hijos. Te amo, aunque me pegues.". Y tal vez suena exagerado pero las personas dejamos de estudiar, dejamos de ver a algún pariente o a algunos amigos, tal vez dejamos de salir mucho o de hacer cosas que nos gustarían, por amor. No es ninguna privación ilegítima de la libertad, pero ¿esto es sano para nosotros? Porque generalmente, en una relación que uno se entrega por completo y las cosas no resultan, siempre queda un dejo amargo, un "pero si yo dejé todo..", y a veces, hasta un "pero si me perdí y sacrifiqué tantas cosas para que termine todo así..".
¿Será el amor, aunque sea en parte, un tipo de dolencia humana?