viernes, 14 de diciembre de 2012

Mudanza

Las mudanzas son difíciles. Dicen que son unas de las situaciones que más estrés causan.
Martín se muda. Vivía en un departamento grande, que ahora le queda inmenso. Valeria se fue hace un par de meses, así que ya no es necesaria la pieza de estudio. Tampoco un baño tan grande. Ni hablar de la mesa con las cuatro sillas. El espacio le sobra, y no lo sabe ocupar. Mejor que lo reduzca.
Ya tiene casi todo guardado en cajas. Está comiendo hace dos días sánguches, empanadas y pizzas, para no tener que desempacar los platos y los cubiertos. Un día más y se va a su nuevo departamento, más pequeño, más confortable.
Es hora de guardar las cosas del placard. Martín comienza a sacar trajes, camisas, trabas para corbata, medias. Los dobla cuidadosamente, los mete en un bolso azul, viejísimo. Saca cajas de varios tamaños. En la más pequeña encuentra una flor, ya seca. Es blanca, chiquita, con los pistilos amarillos y delicados. A Valeria le gustaba guardar florcitas. Seguro era de ella. Después vería qué podía hacer con eso. 
En otra caja encuentra más pañuelos para los trajes. Los guarda en el bolso, tranquilo.
Abre una caja más grande. Cuando ve lo que contiene, se detiene. Camina sosteniéndola, hasta la escalera, sin quitar la vista del interior de la caja. Se enternece.
Se sienta en un escalón, con la caja sobre sus piernas. Saca entradas de cine, envoltorios de chocolates, tickets de restaurants y de regalos. Saca una servilleta, en la que, mientras él había ido al baño en un café, ella le había escrito "te quiero" , a las apuradas, en cursiva, con su letra redonda y con algunos arabescos. Saca mensajitos cotidianos, del tipo "cuando llegues bajá el pollo del freezer", la mayoría los había escrito él. Sigue sacando papelitos. Las lágrimas se escapan de sus ojos, ruedan por sus mejillas, y caen sobre algunos.
Llega hasta los últimos papeles. Allí encuentra unos garabatos que le hacía cuando se estaban conociendo: monigotes, florcitas, un perro. A los arquitectos siempre les piden "a ver, dibujame algo...", y Valeria lo hacía todo el tiempo. Encuentra el número de Valeria, ese que ella le había pasado al devolverle un dibujo, junto con la leyenda "me llamás?". 
Martín deja caer la caja, junto a todas sus lágrimas, una a una.

8 comentarios:

  1. Genial, genial Julieta!! Muy buen post!! Me copa mucho cómo escribís. Saludos!

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  2. Me encantó!!! Que se reconcilien!!!! Jajaja, ya sé que la vida no es así de simple, por algo se habrán separado...
    Un beso, genial el post

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  3. Yo uso las mudanzas para dejar cosas (físicas y mentales) lo más atrás que puedo. Cuanto más lejos mejor. Pero a veces, esas cosas que dejamos atrás encuentran nuestro rastro y saben cómo encontrarnos...

    Suerte!

    J.

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    1. Sí, siempre nos atacan cuando menos lo esperamos. Besos!

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  4. ¡Muy bueno! Me gusta el detalle cotidiano, las cosas como "a los arquitectos siempre les piden 'a ver, dibujame algo'". Precioso.

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